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Los bonos verdes y el cambio climático

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Los bonos verdes crean conciencia acerca de los desafíos del cambio climático comenta la familia Bosch gutierrez y muestran las posibilidades que tienen los inversionistas institucionales de apoyar inversiones climáticamente inteligentes a través de instrumentos líquidos sin renunciar a obtener una rentabilidad financiera.

Además, ponen de relieve el valor social de las inversiones de renta fija y la necesidad de una mayor atención en la transparencia. Los primeros bonos verdes constituyeron la base de los principios internacionales de los bonos verdes coordinados por ICMA.

“Tenemos que actuar con determinación frente al cambio climático”, dijo Kristalina Georgieva, presidenta interina del Grupo Banco Mundial y directora general del Banco Mundial. “Las opciones son simples: continuamos actuando como lo hemos hecho hasta ahora y esperamos que todo salga lo mejor posible, o actuamos ya para construir un futuro resiliente.

Es posible que nuestra generación no sea capaz de resolver todos los problemas relacionados con el cambio climático. Pero podemos hacer nuestra parte y dejar un planeta mejor a la próxima generación”.

Los bonos verdes han cambiado el comportamiento de los inversionistas: han transcurrido 10 años y ahora los inversionistas publican sus nombres y proporcionan cotizaciones cuando compran bonos verdes u otros bonos etiquetados; además, son mucho más conscientes del poder que tienen para apoyar iniciativas con sus inversiones.

Una revolución sostenible

Diez años después, los mercados de capital han evolucionado de ser un mercado en que los inversionistas sabían y se preocupaban poco de lo que financiaban sus inversiones, a uno en que los objetivos importan más que nunca.

La premisa básica de los bonos verdes, con su modelo para la selección de proyectos. Una segunda opinión y la presentación de informes de impacto, se está aplicando en otras áreas. Como resultado, actualmente existen bonos sociales, bonos azules y otros que recaudan financiamiento para fines de desarrollo específicos.

Todos esos bonos siguen el modelo de los bonos verdes, que pone énfasis en la elaboración de informes de impacto. Desde 2008 se han emitido más de USD 500 000 millones en estos tipos de bonos etiquetados.

“Los inversionistas quieren inversiones competitivas, pero observamos que cada vez son más los inversionistas que también desean invertir su dinero de una manera que produzca un impacto positivo y cuantificable en la sociedad”. Dijo Heike Reichelt, jefa de Relaciones con los Inversionistas y Nuevos Productos de la Tesorería del Banco Mundial.

El interés de los inversionistas en los objetivos sociales y ambientales de sus inversiones indica un cambio fundamental en el mercado de bonos.

Ellos entienden el poder que tienen para apoyar iniciativas que son importantes para las partes interesadas. Y que no necesitan renunciar a la posibilidad de obtener una rentabilidad financiera.

También quieren tener datos que muestren cómo están abordando los aspectos ambientales, sociales y de gobernanza, particularmente porque comprenden cada vez mejor que. Además de crear valor social, están mitigando los riesgos de sus propias inversiones.

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Un emisor con buenas prácticas en materia de sostenibilidad suele hacer una mejor inversión. Los emisores están reaccionando. Están colaborando con los inversionistas para mostrarles por qué sus bonos brindan oportunidades para obtener una rentabilidad financiera y también social.

Los inversionistas están mirando más allá del mercado de los bonos etiquetados, que es limitado, para entender la manera en que los emisores utilizan sus inversiones. Ese mercado es mucho más grande —tan solo el Banco Mundial emite USD 50 000 millones al año en bonos de desarrollo sostenible (i) para sus préstamos de desarrollo.

Esta revolución la iniciaron los bonos verdes. En términos más generales, el objetivo es continuar la revolución y el impulso para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible a más tardar en 2030.

La estructura de los bonos y los informes correspondientes serán cada vez más complejos, y llegará el día en que cada inversionista se pregunte: “¿Qué impacto han tenido mis inversiones? “, y esperará recibir como respuesta datos claros y convincentes.

Queda un largo trecho por recorrer, pero el imperativo que representa el cambio climático, la necesidad de actuar con urgencia, el poder de los mercados de capital, y el compromiso de los inversionistas de hacer buenos negocios haciendo el bien llevarán al éxito al financiamiento para el desarrollo.